- David derramando su corazón en los Salmos con lágrimas y alabanzas (Salmos 42:5),
- Elías enfrentando el desánimo y el miedo (1 Reyes 19:4), y
- Jesús mismo mostrando compasión y tristeza (Juan 11:35).
La Biblia nos enseña que las emociones no son simples pensamientos, sino fuerzas que pueden atarnos positiva o negativamente. Por eso, el creyente necesita vivir guiado por el Espíritu Santo, quien nos ayuda a manejar correctamente nuestros sentimientos.
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14).
Emociones que nos atan y cómo enfrentarlas
El ser humano sin Dios muchas veces busca ocultar sus emociones con distracciones: drogas, alcohol, pornografía, adulterio o fornicación. Pero el cristiano tiene un recurso poderoso: el Espíritu Santo, que nos ayuda a mantener un balance en lo que pensamos y en lo que debemos hacer ayudándonos a poder clasificar nuestras emociones con realismo.
- Elías, después de una gran victoria, cayó en el desánimo y quiso morir (1 Reyes 19:4);
- Jonás se llenó de enojo y resentimiento (Jonás 4:1-3); y
- Pedro, dominado por el temor, negó a Jesús (Mateo 26:69-75).
Cuando el miedo o la ansiedad nos dominan, nuestra mente genera pensamientos que nos llevan a incertidumbre y aislamiento. La Palabra nos recuerda:
“La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime, más la buena palabra lo alegra” (Proverbios 12:25).
La salida no está en bloquear emociones con métodos humanos, sino en poner nuestros pensamientos en obediencia a Jesucristo.
El Espíritu Santo y las emociones
Jesús prometió que el Espíritu Santo sería nuestro Consolador:
“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16-17).
Esto significa que no estamos solos en la lucha emocional. El Espíritu Santo nos guía a diferenciar entre emociones humanas y experiencias espirituales genuinas. Él nos ayuda a moldear nuestro carácter y a mostrar las emociones de Jesucristo: amor, paz, perdón y servicio.
“La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7).
Cómo controlar nuestras emociones como cristianos
- Cuando la ira amenaza con dominarnos, recordamos: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26).
- Cuando la tristeza nos abruma, buscamos consuelo en la promesa: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).
- Y cuando la ansiedad nos quiere robar la paz, aplicamos Filipenses 4:6-7: “Por nada estéis afanosos… y la paz de Dios guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús.”
La Biblia nos da principios claros:
- Vivir en el Espíritu: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:25).
- Confiar en Dios: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5-6).
- Examinar nuestro corazón: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos” (Salmos 139:23).
- Buscar la paz de Dios: “El ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Romanos 8:6).
Las emociones deben ser sustentadas en la Palabra de Dios. Cuando meditamos en ella, encontramos paz, seguridad y gozo.
Conclusión: Emociones bajo el control del Espíritu Santo
Las emociones no certifican la verdad, pero sí reflejan cómo entendemos la verdad. Por eso, debemos permitir que el Espíritu Santo nos ayude a moldear nuestras emociones para que reflejen el carácter de Jesucristo.
“El corazón alegre hermosea el rostro; mas por el dolor del corazón el espíritu se abate” (Proverbios 15:13).
La meta del creyente es ser semejante a Jesucristo, no solo en pensamientos y acciones, sino también en emociones. Con la ayuda del Espíritu Santo, podemos vivir una vida llena de amor, gozo, paz y gratitud. No te dejes engañar...
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